viernes, 19 de febrero de 2010

ME HE de comer esa tuna... parte 2


Pues ahí estamos JL y yo, con la planta baja bien hedionda, porque la alfombra se había mojado; así que, como “la ocasión hace al ladrón”, que aprovecho la situación para sugerirle, con manita de puerco psicológica, que aprovecháramos a Julio malquedado y de una buena vez pusiéramos el piso de barro, que llevaba años esperando aparecer en escena.
Más con suspicacia que con ganas, JL aceptó de mala gana; él decía que saldría muy caro y yo confiadota le decía que Julio malquedado nos cobraba poco. Tengo un talento único para embarcarme en empresas difíciles, y ésta no sería la excepción.
El domingo desazolvaron y decidimos salir a desayunar a my favorite place: el Centro. Ya que aún no había servicio de transporte público, los soldados llevaban personas a la estación del Metro; así que nos subimos a un tanquecito con redilas; un soldado me dice: “cuidado con la cabeza, hay tubos”. Aja, pensé, antes de pasar un minuto ya había verificado la información, ahí voy sintiéndome Linda Hamilton, con cocazo y todo.
Cual boca de profeta, JL tenía razón: lo que inicialmente se llevaría sólo ocho costales de pegaazulejo, terminó con 42 paquetes; todo el presupuesto inicial se fue al piso.
Por fin dejaron puesto el piso y se acabaron los extraños en casa, pero el piso había quedado completamente sucio, así que ahí va wonder woman y comienzo a limpiar; Jl me sugirió que mejor contratáramos a alguien para hacerlo, pero no, ¿cómo?, yo puedo hacerlo.
Así que la muy chida de yo, terminé tallando el piso con espátula, lija de esmeril y días y días de rodilla. Si después de esto no logro, de menos, ser postulada a la pendeja del año, esta cabrón. Además de hacer algunos diseños urgentes, coordinar la impresión de ellos y enviarlos a Gdl., postear OPERAmundi y tratar de escribir algo para Gineceo.
¿Cansada? Muchísimo, pero ¿cómo iba yo a reconocerlo? Ja, si yo soy imparable. Una vez que se me mete algo en la cabeza, no paro hasta lograrlo; así que no sólo bastó con limpiar el piso, de ahí, me puse a retocar todas las juntas y, para rematar, a aplicar el barniz náutico. Ah, los cigarros me sabían a gloria.
A dos semanas de todo esto, el piso quedó como de revista, la mera true, ya puedo conseguirme chamba de eso, ¿no sé de qué?, pero de eso. Lo bueno que tiene JL es que, una vez que decide algo no hay poder humano que lo mueva, es sólido como la roca; así que cuando se me ocurrió probar mi talento en el oficio de la albañilería, él firmemente me dijo No. Y hasta allí llegaron mis incursiones en dicho oficio; bendito sea Dios que JL es así. Porque yo no sé qué gen extraño nos aqueja a mí misma y a mí, y nos metemos en cada misión titánica, ¿para demostrar que?, no tengo idea, mí misma no me la ha dicho aún.

domingo, 7 de febrero de 2010

Me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano


Todo empezó una mañana en que los martillazos en la casa de enfrente me despertaron; llevaba muchos años, según me cuentan, desocupada.
Así, que impulsiva como soy, ya estaba preguntándole al joven albañil cuánto cobraba por poner una ventana que llevaba un año gritando: “si me pones en el comedor, puedes tomar sol y café”. Era mi sueño, recibir el sol de la mañana, tomando mi super desayuno: café y cigarros.
Julio, se llamaba y le apodaban malquedado. Hizo cálculos y mi sueño estaba a sólo estirar la mano, así que corrí a despertar a JL y contarle; no dejé de presionarlo hasta que por fin dio el .
Cual maldición gitana, apenas dio Julio el primer martillazo en el muro, el cielo se puso gris; para cuando terminó de abrir el boquete ya estaba lloviendo; lo peor no era eso, sino que no podía poner la herrería por la humedad, así que me dejó con la noche cayendo y un boquete de a metro en pleno comedor en planta baja.
Al día siguiente amaneció lloviznando, el frío era tremendo con mi gran hoyo en el muro, Julio no aparecía; maldije al gremio de los albañiles y mi desmañanada en vano. Cuando había terminado de recitarle a JL todo lo que pensaba al respecto, el timbre anuncia la llegada del susodicho, pero siguió en lo mismo: no podía poner la herrería. De nada sirvieron nuestras promesas hechas ni hablar de compromisos en las buenas y en las malas, Julio dijo no. Ahora me cumples, pensé, esa ventana se pone porque se pone. Tercer día de obras, el polvo me tiene hasta la madre, la nariz la tengo llena de mocos por mi alergia y los ojos de sapo; comienzo a cuestionar mi existencia, la de los albañiles y la relación entre ellas. ¿es mi destino ser asesina de ñiles?¿Es este el porqué de mi existir? Cual fiera enjaulada, busco con quien desquitarme; pero, mala suerte, el único en casa es JL. A veces creo que JL tiene algo así como un botón de stand by, me puedo pasar horas hablándole a mil por hora y ni pestañea; dadas las circunstancias, JL se limita a no hacerse notar demasiado para evitar algún zarpazo.
Por fin Julio cumple su promesa y la ventana queda puesta, pero no ha parado de llover. ¿Y el sol? Ni sus luces. Ya tapado el boquete salgo con JL rumbo al centro, algo escuchamos que estaba inundado, pero seguimos. Para llegar al Metro ha sido una Odisea; JL me sugiere que regrese a casa, yo me río, pienso que en Guadalajara, las inundaciones son cosa de cada año, y uno ya sabe que después de tres horas el agua se ha ido. Así que dichosa me voy a leer revistas y a tomar un café.
Liberada del polvo, regresó a casa, me doy cuenta que la inundación es enorme, el agua llega a 40 cms. Y sólo es el principio. Mientras calculo si puedo llegar a casa caminando, una camioneta de la poli que acerca a unas personas a la estacion del Metro, se ofrece a llevarnos. Ahí voy muy chirota de pie, sujeta de una barra para no caer y la greña al aire; después de una hora nos acerca lo más posible, pero ya no puede seguir adelante, así que bien chicha, bajo de un brinco. ¡Qué chingona vieja soy!, pensé; si vuelvo a ser vieja quiero ser yo again. Al llegar a la esquina el agua me da a las rodillas y recuerdo la leyenda urbana de las personas que se van por las coladeras, así que antes de cruzar la calle tentaleo con el pie, sigo adelante cual Kate Winslet en Titanic; el agua me llega a medio muslo; con la Furia de las valquirias de fondo decido no hechar marcha atrás; ahora llego, pos qué.
La tarada banqueta tenía un desnivel que me hace dar algunas brazadas al aire y, al ir cayendo, alcanzo a ver de reojo un cerote flotando en el agua; lo wonder woman surge y logro evitar la caída hasta. Feliz porque en mi calle no había inundación abro la puerta y zaz, las coladeras se habían transformado en Av. Chapultepec; a todo lo que da, levantó lo mas que pueda al segundo piso.
Jl llega horas después, lo trae directo a casa la poli: ¡fui la única que nadé en mierda! Al día siguiente vamos a Chedraui y el paisaje es desolador, lleno de personas con bolsas hasta los muslos, haciendo fila para vacunarse, estamos rodeados de aguas negras, la mayoría tiene su casa inundada, hay soldados por todas partes, todos miramos el lago que nos separa de la Avenida Central. Nadie sabe cuándo volveremos a estar comunicados…
Por mi ventana por fin entra el sol, también entran muchas voces con historias de lo que la lluvia se llevó . Para la mayoría, estos días son el funeral de sus sueños.

(Esta historia continuará)