sábado, 19 de febrero de 2011

14 de Febrero. La primera firma

POR Karini Apodaca

Fue la mañana de mi cumpleaños número 33, cuándo mi sensación de infelicidad me golpeo más fuerte. Tenía un buen trabajo, dos lindos hijos, perro no, ni voyaguer, pero porque no los quería... y un buen hombre a mi lado; Sin embargo llevaba meses tristeando, tratando de buscar un porque seguir en el sueño de la familia ideal.

Esa mañana el pensamiento corrosivo de ser la mujer que le quitaría su familia a sus hijos, la que a pesar de tenerlo todo no es feliz, la que rompería los rancios esquemas de la familia. La idea de que solo muriendo podría dejar todo atrás sin ser la villana del cuento me llevó a tomar valor para concluir mi matrimonio de diez años.

Es difícil explicarle a alguien que no quieres seguir a su lado, que te sientes fría muerta, que anhelas conocer más cosas en la vida, que quieres vivir con pasión. La imagen de la pareja que ví en un cine a los 14 años me hizo tener la cara para decir y gritar que quería que mi compañero me viese con pasión y yo sentir lo mismo por él.

Encontrar las palabras para explicarle a mis hijos que papá y mamá y no vivirían juntos, si bien fue complicado, fue conmovedor ver como mi hijo mayor se partía en llanto por la familia que ya no tendría, el más pequeño pidiendo cinco minutos antes de entrar a sus clases para preguntar: ¿Porqué está tan enojado tu corazón? Y a pesar de ello, sentía que era lo mejor, no quería darles a mis hijos más gritos y comentarios llenos de frustración entre sus padres.

La primera etapa de una separación siempre es tensa, vienen los reclamos y ese chinga quedito que a todos se nos da muy bien.

Con el tiempo el padre de mis hijos y yo logramos encontrar una forma sana de convivencia y pactado por los dos, tratamos de evitar los comentarios desdeñosos de nosotros delante de ellos. Una cosa es que como pareja no funcioné uno y otra es destruir la imagen paterna o materna a los hijos.

Este 14 de febrero del 2011, he firmado la primera parte de mi divorcio, por angas o mangas era un trámite que se había ido postergando. Y reconozco que el hecho de hacerlo hasta hoy ha sido la razón por la cual en mi historia solo tendré un divorcio legal, de otra forma ya tendría algunitos más.

Quedamos de vernos frente al Teatro Degollado, para de ahí pasar a los juzgados. Comenzamos hablando de las últimas películas que hemos visto, así que entre risa, recomendaciones y criticas ingresamos al pequeño cubículo. Dudo mucho que ésta sea la escena habitual que se ve en los juzgados de lo familiar. En menos que canta un gallo ya estábamos fuera, al unísono él y yo exclamamos: Te invito un café del oxo.

Ambos orgullosos de los hijos que tenemos, reconociendo sus características, recordando anécdotas de nuestra prole, disfrutamos el café. Con un buen sabor de boca nos despedimos y seguimos adelante.

Hoy estoy segura que no erré mi decisión, hace 7 años al decidir separarme, le expresé que era justo que ambos encontráramos a alguien que nos ame por ser quiénes somos y no por lo que un día tal vez seríamos.

El es feliz con su estilo de vida y yo, a pesar de mis arranques de inconformidad, me siento bien de saber que mi decisión con el tiempo a ambos nos dio la oportunidad de ser quienes somos.

domingo, 13 de febrero de 2011

Disfruta, come y bebe, que la vida es breve

POR Karini Apodaca

Ayer he pasado uno de los mejores momentos de mi vida en el carwash. A la espera de que lavaran el auto, el tiempo se me fue como agua entre los dedos. No, no con un gang bang, que según me cuenta la amiga de mi amiga, es una fantasía recurrente de muchos y muchas.

Estaba  sentada observando cómo acomodan los autos para tal labor, cuando uno de los chicos se acercó y nos extendió un periódico; imagino que pensó que el solo hecho de estar sentados sin más ni más podía resultar aburrido.

“¿Algo para el fin de semana señor?”, expresó JL y mis ojos ubicaron un anuncio de plana completa en azul pitufo, donde una fotografía que, por la ropa interior de la protagonista, nos remontaba a tiempos inmemoriales. Cada una de las frases del anuncio ha sido deleitable. Es difícil todavía elegir cuál era la mejor, si la de la “insaciable secretaria Susie”, así presuntamente se llama la chava, expresando, “Lo único reducido es el precio”, o la aclaración, “Mucha gente encuentra nuestra famosa píldora azul demasiado efectiva. Si es su caso, simplemente reduzca la dosis”.

Ya más picados en el morbo seguimos ojeando. Un médico informándonos que si en 15 minutos no hay una segunda erección, usted tiene problemas de próstata ¡Dónde viene uno a enterarse del estado de salud de los demás! La sección de clasificados, donde “cachondas”, “tiernas como novia” y “polaco o al natural, volvían difícil a cuál irle. Además, previa a la aparición de las sexy girls, estaban los brujos, amarres y regresos garantizados.

Me fue imposible imaginar la historia del susodicho con su pastilla milagrosa sufriendo por un exceso de dosis y una erección eterna, quien terminará con el pito hecho moronga por la sangre coagulada a falta de circulación, o lo peor, porque en 15 minutos, cronómetro en mano, si no hay respuesta, está mal de la próstata como dice el doctor.

Demás decir que después de un revolcón marca diablo con la secretaria Susie, y siguiendo con la pauta de los anunciantes, su esposa lo llevará con el indio Juan Diego, que promete amarres con nudo de marinero y domarlo hasta que el señor acepte humillación tras humillación por cortesía de la dolida esposa.

Quién, a falta de hombría en el mancillado individuo, terminará anunciándose como madura y elegante, animando a sus posibles nuevos amigos expresando: “No escojas sirvientas”.

En fin, la tarde de ayer ha sido educativa, descubrí al que será desde hoy mi periódico de día a día. Hoy he salido temprano por mi nuevo ejemplar.

Luego porque se las cogen

POR Karini Apodaca

Todos hemos comentado en tertulias el escándalo de Kalimba; no pienso dar un juicio, en mi forma de ver las cosas ambos son víctimas de esta sociedad de doble moral.

Pero sí quiero expresar un pensamiento que lleva días acompañándome, nació justo cuando una amiga me contaba el gran trauma que vivió cuándo de adolescente su busto comenzó a crecer; atónita, escuché que no sólo tuvo que soportar pendejada y media de algún libidinoso agrediéndola verbalmente, sino, que su entrada a la adultez fue recibida hasta con limonasos por el tamaño que tomaban sus boobis.


Como mujeres no sólo vivimos día a día el abuso y agresión de algunos hombres, hemos vivido en carne propia el juicio de otras féminas por nuestra forma de pensar y vivir. Es curioso que nosotras mujeres señalemos lo que otra hace con su culo. Hace algunos meses en mi blog, una anónima exclamó su furia por mi tan reculeado trasero; desconozco en qué momento se le asignó como guardia de mis nalgas, pero vaya que se tomó su papel en serio, porque su preocupación llegaba hasta lo muy o poco caído de mis glúteos. Ya no digamos de los hombres que dan por hecho que tienen todo derecho de escribirle a una sus chaquetas mentales sin consentimiento de por medio.

Víctimas del machismo somos nosotras o una mayoría de nosotras las que enjuiciamos y condenamos conductas en nuestro propio género, hablamos de libertades pero sin piedad alguna hacemos añicos a la chica que tiene una vida emancipada. No sólo eso, además esperamos que le vaya realmente mal, que si es provocativa o pensante y libre de sus actos, a fuerzas el final de su historia debe ser la miseria, el abuso y la pobreza.

Baste chutarse todas las telenovelas y cuentos versión Walt Disney, donde las protagonistas son seres asexuados, buenas rayando en la idiotez, ah, y eso sí, muy bonitas. Blancanieves no fue unafacilota por irse a vivir con su príncipe apenas a cinco minutos de haberlo conocido y no comentemos nada sobre la parafilia del príncipe que se enamora de una muerta y solicita permiso para besarla. ¡Oh sorpresa, la muerta no estaba tiesa! Tal vez incluso el esposo de la Blancanieves era primo del de la Bella Durmiente, que en la versión original despierta hasta que está en la labor de parto.  O la Cenicienta, que una vez que forja toda una carrera como intendente oficial, termina de reina… ups, otra vez después de no más de 24 hrs. de conocer al príncipe. Pero escuchamos que eso es amor verdadero.

Baboseando un poco, ¿quien dice que el kalimbazo no sea la Cenicienta moderna? O que el príncipe de Blancanieves no sea el mismo que el de la Bella Durmiente que, desenamorado de que la muerta no estaba muerta, haya seguido buscando… y entonces seguro volvió a salir galopando una vez que la muerta dos abrió los ojos.

Con la absurda premisa de el bien y el mal que habita en nuestras costumbres, entonces no es de extrañarse que si una mujer viste, piensa o habla de una forma provocativa haya todo un amparo y justificación para que el ángel justiciero que la maltrata, golpea o hasta le da muerte, sea digno no solo de comprensión. ¡Hagámosle un monumento!

Si, muchos derechos como mujeres, hasta IFE en la mano, pero la libertad y tolerancia más importante para nuestro género no será conquistada hasta que dejemos de meternos con las nalgas ajenas, hacerles un juicio y emitir una condena; es importante entendernos, aceptarnos y ser leales a nosotras mismas, entendiendo que una somos todas.

Y ni fueron felices, ni comieron perdices

POR Karini Apodaca


Es cierto que la vida de la mayoría de nosotras, féminas, gira en torno al amor de pareja. Será porque desde niñas se nos inunda con la historia de la chica guapa pero subnormal intelectualmente hablando, que es encontrada por un gallardo príncipe que se enamora de la pazguata que no tiene mayor mérito que su belleza y con sólo eso la susodicha se convierte en ama y señora de un reino.

La vida pronto nos muestra la realidad de las cosas: una belleza carente de fondo tarde que temprano sucumbe al tiempo, y si la bella afortunada no usa la cabecita para algo más que portar sombreros y coronas, terminará mal.

¿Pero qué sucede con las chicas que desean destacar usando una combinación de atributos físicos y mentales? He escuchado bastantes historias, la mía incluso, donde, lejos de que nos vaya mejor, más parece que una se vuelve un híbrido absurdo de heroína defensora de los derechos de género con mujer desesperada busca.

Las reuniones entre amigas, así como las horas de comida en el trabajo entre nosotras, giran en torno al tema universal: los hombres. Que si ya conocimos a alguien interesante, que si ya lo dejamos, a veces parece que el resto de cosas en nuestra vida sólo son hobbies que aderezan la única causa por la cual vale la pena vivir: la eterna búsqueda de la pareja perfecta, misma que nunca llega.

Hace algún tiempo en un viaje conocí a dos galanes, uno empresario y el otro un alto ejecutivo en sistemas; no dormía de la emoción, no podía creer en mi buena suerte.

Con ambos me di tiempo de conocer antes de ilusionarme con alguno. Me empezó a inquietar que mi empresario argentino no fuese muy constante que digamos; cuando le cuestioné por qué sus fiebres amorosas parecían más tarjetas de checador que el transcurrir de un día de 24 horas, salió el peine. No era soltero, tenía una hija y la trillada frase se escucho: “Mi esposa no me comprende y soy infeliz”. Crédula, rayando más bien en lo estúpida, le creí. Una noche le pedí me enviara una fotografía de su hija, recibí a cambio una foto de él con su esposa. “Encima de ligón, tarado”, pensé; y tratando de ser educada le escribí un mail ofreciéndole mi amistad y acentuando que no había posibilidades de nada más; el susodicho, ofendido, me contestó grosero y desairado. Pero reconozco que lo que más me molestó fue cuando me di cuenta de que me tenía en un grupo donde todas éramos mujeres arriba de los cuarenta…

El segundo, el señor sistemas, con el tiempo se autoproclamó mi redentor; el metrosexual orgulloso se transformó en un macho pseudorredentor de almas perdidas e intentó modificar mi forma de vestir, hablar y ser. El colmo fue cuando me sugirió que ya no tenía edad para bailar. De forma educada le sugerí que intentará ser el Lagerfeld de los santos de su devoción.

Comparto con mi compañera de oficina mis recientes decepciones. Al igual que yo, ella ya no muestra sorpresa; podría jurar que a estas alturas ya no hay nada nuevo bajo el sol, nos miramos, ella comenta: “Cada vez me da más miedo seguir buscando; más que miedo, es ya como flojera”. Sonrío pensando: haces bien, mientras abro el plan de trabajo y le pregunto algo al respecto.

Bloody Christmas

POR Karini Apodaca

Este diciembre ha sido un soberano churro.

Mi misma y yo hemos pasado del enojo a la decepción sin tregua, y justo cuando las cosas parecían mejorar y que por fin nos empezaría a ir mejor, ahí llegaba otro problema que aderezaba este drama digno de un culebrón de Televisa.

Creo que sólo me faltó pasar por un embarazo y ser abandonada al dar la noticia al susodicho para decir que diciembre era la suma de todo lo que una historia lacrimosa barata debe tener como básicos.

Las ventajas de cuando la vida te trae a fuego lento, en mi caso, es que pierdo el apetito, y como sé que todo termina por pasar, bueno o malo, mientras va pasando el problema suelo contar los días con los kilos y centímetros que voy perdiendo. Vaya forma de perder el tiempo, pensarán, pero francamente si por más que se intente nada cambia el panorama, qué mejor que jugar con la báscula roja que está fuera del baño, a quien nombro fiel compañera de mis dramas existenciales.

Justo al despedir  el año pesqué una gripa como hace mucho no padecía; la fiebre suele deshacerme en dolor de espalda y, además, en este estado me da por hablar toda la noche.

Molesta por toda la suma decembrina de conflictos con Jl, le advertí: “Cuando me da temperatura soy sonámbula”. Confieso que me dio gusto escucharle con preocupación preguntar:” ¿Qué tan sonámbula?”. Ja, pensé, por lo menos no descanses pensando que entre sonámbula y enojada puede pasar algo realmente sangriento. Mientras le contestaba: “Lo normal, caminar por la casa y esas cosas, tú sabes”. Estoy segura que por su cabeza atravesó el titular: “Escritor de periodismo negro es cruelmente masacrado por sonámbula”.

Recuerdo en algún momento de la madrugada haberme despertado diciendo: mi vida es una novela, espero que para cuando esta novela termine me sienta plena y contenta con la protagonista.