lunes, 2 de abril de 2012

Historias de a cuarenta. Necedad

POR Karini Apodaca ¿quién mas?

Es sábado y yo aquí viendo pasar el día que se suma a todo éste tiempo de espera, llevo semana y media refundida en ésta sala. ¡Ah, en fin, ya habrá tiempo para repara todos los estragos que hizo todo este tiempo a tu lado!. Todos esos fines de semana de encierro, en los que mi mayor placer era prepararte tu comida favorita. Tonto, ¿en qué momento supusiste que eso era "realización" para mi?

A diferencia de todos los que están en ésta sala, yo no espero un milagro, espero que de una buena vez termines, te dejes de mamadas y mi situación actual cambie.

Siempre necio, siempre llevando la contra en todo. Si conversas con alguien tienes la necedad, el ocio pensándolo bien, de buscar siempre el  punto de vista en contra para terminar gritando y ofendiendo al que esta del otro lado. Otras veces, no sé como lo haces, logras convencer de tu triste existencia a todos.

Y es tu necedad la que te ha llevado hasta aquí, si hubieras escuchado los tantos consejos que diferentes personas te dieron: "Cambia de actitud", "no seas negativo", "agradece lo que si tienes". Una y otra vez les escuche decírtelo.

No, lo tuyo era la necedad, estar en contra, tuvieras o no razón.

Cualquier amor sucumbe ante la carencia de reciprocidad, a la falta de cuidado y buenas maneras. Cuando por fin me atreví a abrir los ojos y ver con horror lo que había sucedido con mi vida, los dos ya estábamos demasiado viejos.

Demasiado tarde para hacer algo, un libro que leía me dio una luz de esperanza, un cuento corto de una autora feminista, no recuerdo el nombre del cuento ni de la autora, pero la respuesta a mis años de plegarias por fin había llegado. Decidí que tu necedad nos liberara, sería la única forma de poder vivir tranquila por lo menos los últimos años de mi vida.

Hace poco menos de un mes comenzó la recta final. Sí, yo llevaba tiempo trabajando en esto. Tú último chantaje de suicidio fue el detonante, era momento de tomar cartas en el asunto y hacer lo mejor para los dos. Por primera vez nuestra historia iba a un final deseado por ambos. 

Nadie pone atención en lo que come, en las instrucciones que los médicos dan al llegar a cierta edad. Ya no discutí más contigo las altas dosis de chocolate cada tarde, no, todo lo contrario, habíamos decidido tu partida. No hubo tarde que en la despensa no encontraras cajas y cajas de chocolates, y en el refrigerador nunca más volvió a faltar una botella de rompope. ¡Por fin trabajábamos en equipo!

Mientras tejía contaba en silencio: uno, dos, punto al aire y un chocolate... derecho, revés, basta, derecho, otro chocolate... Ok, dos hoy, más tres caballitos de rompope...

No hay mal que dure cien años, ni necio que lo aguante, ja.

-Señora lamentamos informarle que hemos hecho todo lo medicamente posible por su esposo, si tiene familiares cercanos a él, es momento de informarles que es cuestión de horas para que su cuerpo colapse.

Camino una vez más este largo pasillo que nos separa. De la sala de espera a terapia intensiva hay 30 pasos y dos vueltas. ¿Cuantos años espere paciente la respuesta a mis plegarias? las últimas tardes feliz conté todo el azúcar que comías.

Que bien que aproveche los descuentos de fin de temporada y me hice de un hermoso vestidito negro, ése clásico de clásicos.

-Hola doctor soy Karini, me puede programar para una sesión de botox y hialuronico, lo más pronto que se pueda, tengo un compromiso muy importante en dos días y deseo verme radiante.

domingo, 1 de abril de 2012

Historias de a cuarenta. La sentencia

POR Karini Apodaca ¿quién mas?

Después de horas de alaridos; si, alaridos. Cuando estoy enojada mi voz se torna aguda y de alto volumen.

Doy alaridos toda la noche pidiendo una respuesta congruente, algo que calme esta cabeza que no me deja dormir, algo que por lo menos me deje tranquila.

¿Porqué con las demás si había noches de drinks, baile y viajes? ¿Porqué? insisto una y otra vez. Lo sé. A cierta distancia me miro en la escena y solo veo una escuincla dando pataletas en el piso mientras grita ¿porque a todos les toca y a mi no?

A tres años de vivir sintiendo que llegué tarde a la fiesta, a varias relaciones donde me toca escuchar una y otra vez de viajes, reuniones, cojidas que no fueron conmigo, a muchos, muchos años de caer en la cuenta de que con todos llegué tarde a la fiesta, su mejor momento fue con x cantidad de viejas... menos yo.

Cuando apenas te conocí, te conté de como me ha lastimado siempre que quién dice amarte te regale cosas que de sobra has expresado que no te agradan, hace dos semanas me regalaste una rosa... ¡Una rosa! Sabes que no me gustan las rosas, ayer en la madrugada pregunto ¿porqué para ella un nardo y a mi una rosa? Tú sabes que los nardos son mis favoritos. Nada, no hay respuesta lógica alguna, uno más de tus ademanes que terminan por sacar a la bestia que soy.

A mi me gustan las rosas, dijiste. La próxima vez que obsequie algo será a mi gusto, reflexiono, me importará un pepino que no se le vea bien un bikini a un hombre.

Furiosa trato de destruir el nardo que solitario adorna la mesa. No, pienso. El nardo no, es tan bello. ¿Qué culpa tiene él? le justifico.

Horas de furia, de estar como perro enjaulado dando vueltas esperando una respuesta que me explique como puedes dormir tan feliz, silbar, ver el fut, mientras espero una respuesta. Yo arrancandome las extensiones de cabello, tratando que entre ellas se alejen las malas ideas... ¿Karini, otra vez solo eres una tabla de salvación?

En el civilizado desayuno no recibí una respuesta, recibí una sentencia, sin nardo por testigo me has dicho: A los cuarenta una mujer solo puede aspirar a ir de cama en cama, a esa edad ya están viejas como para una relación estable.

Te miro, con serenidad recuerdo tu frasesita celebre: Los viejos solo dan asco o dinero. Hace 18 meses que tu sueldo dejo de existir en ésta historia.

Gracias la respuesta la puedo deducir sola.
P.D. El desayuno tenía purga,  que lástima que no observaste que yo no comí nada.