sábado, 26 de abril de 2014

Pegábamos con clara de huevo la porcelana que fue nuestro amor

Y entonces me dí cuenta que mi vida era un disco de 33 revoluciones, rayado justo a la mitad.

Ilustración: Laura Chicote

El mismo track se repetía, cantando de promesas, intensiones que iban transformándose en un lento abatimiento a causa la decepción que todo humedecía, para llegar a una más de las rupturas que se remendaban con clara de huevo, y así, una y otra vez el track de "las promesas de a clara de huevo".

¿Cuántas cosas castró, restringió, limito, sufrió, experimentó, aprendió y disfrutó, cada uno de nosotros en éste tiempo? Ésta respuesta cada uno la guardará y como siempre pasa, nuestra historia tendrá dos tórridas versiones, en la que cada uno será el héroe chicho de la película chafa.

Saber leer las señales... ¿cómo saber que la interpretación es la indicada? Lo que sé, es que cada vez que comenzaba a bosquejar una vida en solitario, mis opciones profesionales se iban iluminando, y que al llegar a la parte de la canción que dice: pegábamos con clara de huevo la porcelana que fue nuestro amor, todas ellas se perdían en el horizonte.

¿Qué es lo que la vida trataba de enseñarme? ¿Qué debía seguir sola o que tenía que aceptar el quedarme a la sombra de ser la gran mujer detrás del gran hombre?.

Por la cantidad de intentos de llevar una vida en sana armonía como pareja, me atrevó a recomendar que la mejor elección es elegir a la persona que tenga un estilo de vida parecido al tuyo. Eso de las mezclas y que cada uno aporta la parte divertida, en la diferencia de dos mundos completamente opuestos, en mi caso, dejó de ser sana.

Terminé con una psicosis marca llorarás, dudando y cuestionando hasta mis intenciones, cuanto y más la de los demás.

¿Miedo? Si, me estoy cagando de miedo. Pero no puedo seguir siendo espectadora de la vida, anhelo volver a hundirme en las olas, dejar que me estrellen o que me acunen en un calmado vaivén.

Hundirme en ella, dejarme ir en caída libre hasta estar inmersa, mantener la respiración, ver las burbujas a mi alrededor, sentir su temperatura y después salir y llenar mis pulmones con una bocanada grande de aire con sabor a sal.