miércoles, 13 de enero de 2010

Ay dolor, ya me volviste a dar




A pero ahí va uno, de nalga pronta, a hacer caso a la fiebre de “propositos de año nuevo”, si ahí va, la taras de mi y mi misma pensando en cambiarnos el look.
Méndiga obsesion de creer que cambiandose el look, en ese mismo instante te cambia la vida. Pues si, la muy valiente de mi, en pleno colapso postdecembrino agarro el cutter y riajale, que le doy corte a la cabellera y extensiones de seis meses de cuidado intensivo…
Pues nada, que no me ha gustado nada el cambio, he evitado cualquier cita o reunión por no confrontarme con el espejito este, que me grita: te ves espantosa amiga mia.
Y es que, vieja al fin y al cabo, que manía la nuestra de desquitarnos con el cabello, como yo, tengo muchisimas amigas, que es su cabello la panacea de sus males y malamente uno lo hace en el peor momento emocional de la semana. Y si, los lamentos duran más de una semana, la ventaja que la greña crece.
Actualmente me siento como doddy, la mascota de Antonio Beas, un amigo de la facultad, el día que él nos platicó que tenía un poodle, medio raro, ya que había sido producto del apareamiento entre madre e hijo, oseace, era hijo y nieto de su madre. Bueno, cuándo nos lo platico, yo pensé que eran exageraciones de mi Toño, pero, un día pasamos a su casa y baja de las escaleras algo asi como un gremlin, pero en feo; Ay, ¡que feo está! exclame, y el pobre hibrido, como conciente de su deformidad salió disparado a esconderse, pues si, así me siento yo con mi dichoso cambio de look. Ay ¿porqué salí tan vieja? Si fuese yo más feminoide me vendría valiendo madres esto del glamour, pero no lo soy; así que, mientras no encuentre la forma de que mi espejo no grite: estas horrenda, seguiré en mi claustro voluntario… Lo bueno, porque eso si, reconozco que siempre encontraré el lado bueno de todo, puedo aferrarme más a mi estoíca carrera con la báscula y términar de tronar los cuatro kgs. Que me faltan para llegar a mi meta 43 kilos. Ya sé, me dirán anorexica y demás adjetivos, pero, después de nadar por cinco años en una alberca sin caldera, les podría decir que el espiritú debe dominar siempre a la carne.
Lo siento por JL, que tendrá que fletarse a doña Margara mientras la greña crece.


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