jueves, 9 de diciembre de 2010

Las nalgas me salvaron la vida

POR Karini Apodaca

Tiene problemas de comunicación con su pareja, broncas de lana, sufre de insomnio, quiere ascender de puesto, que el marido no se le vaya, que su vieja no le ponga el cuerno… mi consejo es: para eso están las nalgas.

Y no es broma, el trasero además de ser visto como objeto de culto, puede usarse como medio de transacciones importantes, siempre y cuando se tenga la entraña para negociar con él, cosa que no es sencilla.

Todos los Apodaca adolecemos de haber nacido dotados con un gran cabuz y ha sido para mí un soberano quebradero de cabeza mantenerlo, dentro de lo genéticamente posible, en un tamaño moderado. Y es que, con sendo tamaño, por mucho que una intente caminar y pasar inadvertida, no es posible; al dar un paso adelante, ahí va ya la nalga, tambaleándose para permitirle a una desplazarse en el espacio.

Algunos meses atrás, mis hermanas decidieron tomar clases de pole dance, o séase “tubo”, disciplina que se puso de superfashion en Gdl., asi que prontas y presurosas ahí van las hermanitas Apodaca al gym para contornear su figura con esta nueva disciplina que prometía esculpir cuerpos perfectos.

Apenas tocar casa paterna, me recibía Mariana con notorios moretones en brazos y muslos, producto de la piel pellizcada contra el tubo; ah, pero eso sí, radiante la chica porque ya dominaba tal o cual maroma en dicho artefacto.

Nunca se lo expresé, pero no me veía a mí misma y cuerpecito mío ahí trepada, jugándome humanidad y media a quedar tarada por alguna caída, y es que para esto de los deportes extremos soy muy tronca y prefiero las disciplinas más sencillitas, como salir a caminar al amanecer con mancuernas en mano, por si se da la ocasión aventarme alguna sesioncilla de kick boxing o mejor aún, las sesiones de box spring para evitar la rigidez y falta de elasticidad.

Bueno, pero estábamos en las hermanas Apodaca, que además avanzaban en su rutina a pasos agigantados. Llega su primera demostración y felices arman sus disfraces, que parte de este nuevo deporte es hacer las competencias con todo y vestuario ad hoc. El que se atreva a decir algo sobre de qué se visten mis hermanas para tal ocasión le doy un trompón.

Una tarde me enteré que Mariana había hecho un mortal, caída libre, sin manos, ni colchonetas y sin escalas. Dicha hazaña le valió collarín y faja por algunas semanas, el trauma del pánico vivido en la caída y tener que renunciar a su tan fashion disciplina. Pasado el susto y las lágrimas, como todo en esta vida, terminan siendo recuerdos que entre risa y risa nos acercan.

“El doctor me dijo que ha sido un milagro que no me pasara algo más grave, ya que la caída fue de muy alto”, me confiesa Mariana. Hace una pausa, se pone seria y con voz solemne dice: “Las nalgas me han salvado la vida”. Soltamos la risotada, mientras pienso: “Sí, para eso están las nalgas”.

NOTA: Ah, nueva aplicación para trasero: también salvan la vida.

2 comentarios:

josé manuel ortiz soto dijo...

Muy bueno, Karini.
Felicidades.

Ruben Sosa dijo...

"El que se atreva a decir algo sobre de qué se visten mis hermanas para tal ocasión le doy un trompón"

Nuevamente me has hecho el día. Mil gracias nena!

Como siempre a tus pies y a la espera de tus letras...