domingo, 13 de febrero de 2011

Luego porque se las cogen

POR Karini Apodaca

Todos hemos comentado en tertulias el escándalo de Kalimba; no pienso dar un juicio, en mi forma de ver las cosas ambos son víctimas de esta sociedad de doble moral.

Pero sí quiero expresar un pensamiento que lleva días acompañándome, nació justo cuando una amiga me contaba el gran trauma que vivió cuándo de adolescente su busto comenzó a crecer; atónita, escuché que no sólo tuvo que soportar pendejada y media de algún libidinoso agrediéndola verbalmente, sino, que su entrada a la adultez fue recibida hasta con limonasos por el tamaño que tomaban sus boobis.


Como mujeres no sólo vivimos día a día el abuso y agresión de algunos hombres, hemos vivido en carne propia el juicio de otras féminas por nuestra forma de pensar y vivir. Es curioso que nosotras mujeres señalemos lo que otra hace con su culo. Hace algunos meses en mi blog, una anónima exclamó su furia por mi tan reculeado trasero; desconozco en qué momento se le asignó como guardia de mis nalgas, pero vaya que se tomó su papel en serio, porque su preocupación llegaba hasta lo muy o poco caído de mis glúteos. Ya no digamos de los hombres que dan por hecho que tienen todo derecho de escribirle a una sus chaquetas mentales sin consentimiento de por medio.

Víctimas del machismo somos nosotras o una mayoría de nosotras las que enjuiciamos y condenamos conductas en nuestro propio género, hablamos de libertades pero sin piedad alguna hacemos añicos a la chica que tiene una vida emancipada. No sólo eso, además esperamos que le vaya realmente mal, que si es provocativa o pensante y libre de sus actos, a fuerzas el final de su historia debe ser la miseria, el abuso y la pobreza.

Baste chutarse todas las telenovelas y cuentos versión Walt Disney, donde las protagonistas son seres asexuados, buenas rayando en la idiotez, ah, y eso sí, muy bonitas. Blancanieves no fue unafacilota por irse a vivir con su príncipe apenas a cinco minutos de haberlo conocido y no comentemos nada sobre la parafilia del príncipe que se enamora de una muerta y solicita permiso para besarla. ¡Oh sorpresa, la muerta no estaba tiesa! Tal vez incluso el esposo de la Blancanieves era primo del de la Bella Durmiente, que en la versión original despierta hasta que está en la labor de parto.  O la Cenicienta, que una vez que forja toda una carrera como intendente oficial, termina de reina… ups, otra vez después de no más de 24 hrs. de conocer al príncipe. Pero escuchamos que eso es amor verdadero.

Baboseando un poco, ¿quien dice que el kalimbazo no sea la Cenicienta moderna? O que el príncipe de Blancanieves no sea el mismo que el de la Bella Durmiente que, desenamorado de que la muerta no estaba muerta, haya seguido buscando… y entonces seguro volvió a salir galopando una vez que la muerta dos abrió los ojos.

Con la absurda premisa de el bien y el mal que habita en nuestras costumbres, entonces no es de extrañarse que si una mujer viste, piensa o habla de una forma provocativa haya todo un amparo y justificación para que el ángel justiciero que la maltrata, golpea o hasta le da muerte, sea digno no solo de comprensión. ¡Hagámosle un monumento!

Si, muchos derechos como mujeres, hasta IFE en la mano, pero la libertad y tolerancia más importante para nuestro género no será conquistada hasta que dejemos de meternos con las nalgas ajenas, hacerles un juicio y emitir una condena; es importante entendernos, aceptarnos y ser leales a nosotras mismas, entendiendo que una somos todas.

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