viernes, 12 de agosto de 2011

Quisiera no ser TAN yo

POR Karini Apodaca

Dicen que con los años, los rasgos del carácter de uno se acentúan hasta llegar al prototipo de anciano amado u odiado por el entorno que le vio envejecer.

Con alguito de desazón, comienzo a aceptar el hecho que soy un ser que puede fluir feliz, amigable y ¿por qué no? acomedida. Hasta que aparece el pequeño detalle que mi obsesiva cabeza hará tormenta porque no puedo quitar la atención de ello y se me van horas girando en ese estado de displacer.

Y para colmo de males, al despertar mi cerebro tiene la mala costumbre de pensar de más, así que en lo que me ducho o preparó la primera taza de café del día, ya mi cabecita loca tiene toda una historia hecha y no solo eso, hasta con tres o cuatro finales diferentes.

Todo este tiempo, me era fácil asumir que si mi cabeza tenía tanta iniciativa, no siempre lo que me parecía mal, debía estar mal. Que tal vez, las cosas no eran tan malas como las percibía, y he vivido los últimos seis meses creyendo y justificando, obligándome a aceptar dicha situación...

Cada quien es lo que es y nada ni nadie tiene el poder ni el derecho a transformarlo. Todo cambio debe ser por decisión personal y no como una imposición. Como cantaba Alaska y dinarama: Ni tú ni nadie, nadie, puede cambiarme.

No necesito pensar hasta el lunes para conocer, lo que se tiene más que pensado. Llegar a esta conclusión fue una gama de estados. Al principio de enojo, rabia y frustración, después una profunda tristeza, y hace meses... la completa indiferencia, si con el cuidado que se tiene para un conocido.

No puedo ofrecerte otra cosa que: esta mujer malhumorada al despertarse, hasta que, logro bajarle las revoluciones al disco, y lo peor, no me lamento de ser así.

Pero también sé que no quiero seguir con: los sábados de abandono, ni tu culpa mal infundada cada que ellos nos ven felices. 

viernes, 5 de agosto de 2011

El sexo y yo

POR Karini Apodaca

Mi educación sexual ha sido más una enumeración de platicas, alertas de peligro por parte de mi madre, libros y conclusiones personales. Lejos de contar con una amplia experiencia personal o una verdadera, realista y consciente información sobre el tema, ha sido la pesca de ideas vagas que por mucho tiempo me dejaron navegando cual corcho en el agua.

Creo que uno de los mayores problemas es que entre las mujeres hablar plenamente de sexo, es algo aún no conquistado por todas. Algunas callan al respecto y otras suelen lanzar alguna exclamación que irremediablemente me han dejado sumida en mis cavilaciones. O libros que en su mayoría manejan datos fríos de cuánto y cómo es que se debe sentir.

El estigma y ambivalencia de asumirse como puta por querer gozar de una sexualidad llana y abierta creo es un problema no solo mío… o tal vez sí. Una no quiere ser señalada en la calle, pero detesto la idea de “respetable” en lo que de sexo se trata.

Con el pánico de ser mal vista, la idea de permitir un manoseo, caldo, toqueteo, trasteo o como ustedes mejor quieran llamarle, el cachondeo fue una asignatura cursada apenas de panzaso en mi caso. Después ya mas liberalita y divorciada encontré en la sexualidad una forma de dar placer… aunque si, reconozco que, si bien daba placer muy pocas veces, o mejor dicho, nunca lo recibí. Más allá de experimentar el gozo que alguien más alcanzaba a través de mi cuerpo. Pero, lo que también descubrí es que después de una buena sesión de sexo, la mayoría de los hombres se enamoraban perdidamente de una. Y sin querer compromisos, curiosamente eran ellos los más ansiosos en tenerlos.

Terminé concluyendo que si mis orgasmos dependían de mi masturbación, y que si el otro podía conseguirlos a través mío, centrarme y aprender a como dar más placer era una buena opción. Obvio, imaginan bien, los ejercicios de Keghel se volvieron parte de mi rutina diaria, con la gran ambición de ser recordada por dar buenas cogidas y la infantil angustia de que el hoyo se me hiciera grande, ahí estaba esta pendeja ejercitando a diario.

Rápido me di cuenta que el llevarte a la cama no era el top en los hombres, no señor, eso habrá sido el trofeo en otros tiempos, seguramente con tanta revista femenina circulando y tanta mamada que se lee a diario, el nuevo trofeo masculino es conseguir el orgasmo femenino y santa chinga que eso me acomodó.

De entrada, porque como buena provinciana y con educación cristiana de por medio, no era de las que de buenas a primeras podía expresar abiertamente quiero esto o hazle así, si bien tenía hasta doctorado en que hacer, como, cuando y donde para dar placer ajeno. Era un tronco para poder pedir y una monja total, para animarme a tocarme frente a mi compañero sexual. También reconozco que dentro de toda esta maraña viví momento hermosos y que en muchas ocasiones me conmovió de felicidad poder admirar el placer que otorgaba.

Mientras escuchaba como otras mujeres alcanzaban el orgasmo con solo ser penetradas, yo me sumía en la idea de ser anormal por solo poder llegar a él tocándome. También decidí que mis orgasmos solo serían compartidos con muy pocos. Si bien me excita la idea de masturbarme frente a mi cómplice, mientras él también se masturba, es delicioso ver una verga bien parada y el bello movimiento de una mano estimulándola. No me es fácil solicitar éste momento. No todas las pollas son lindas, ni todos sus dueños saben jalarlas de forma rica.

Ya sé, porque no me manipulaba mientras era penetrada, cualquiera pensará, pues no es tan sencillo cuando más de alguno mostro cierto disgusto cuando intenté hacerlo, y es que, insisto, maldita la hora en que alguien lanzó el dictamen de orgasmo femenino obligatorio, soy más de la idea de no presionar.
Si hay presión para orgasmearte, por lo menos yo, o no llego o tardo un buen, situación que genera más presión por consecuencia se vuelve más difícil. De esta forma llegó el día en que simplemente asumí que los quikclies, en mi caso, no serían más que otra “generosidad” de mi parte.

Pero, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, hoy en la mañana, platicando, jugando y con las prisas de salir a desayunar, con niños en la sala mirando televisión y en piyama para visitas, es decir cero sexy, cero fashion… Sopas, en menos de cinco minutos he vivido el primer orgasmo de mi vida, -Mira mamá sin manos, mira mamá sin pies- ni otra cosa que no fuese ser penetrada.

Descubrir que no soy ese ser provocador, atractivo, pero incapaz de gozar sexualmente me ha dejado un enorme amor por mí.