miércoles, 19 de mayo de 2010

Conocerse no es morirse


Como algunos ya saben, MUNDANA magazine está en línea. Con el concepto de dossier trata en su primer número el tema de la INFIDELIDAD.
Para los que no se habían enterado, aquí les agrego el link, para que muy amablemente nos apoyen leyéndonos, comentándonos y recomendándonos:
http://mundanamagazine.blogspot.com
He leído y escuchado tanto del tema, que creo que sólo hoy seré honesta en cuanto a infidelidad femenina se refiere. Seré la más honesta de las deshonestas, jajajaja.
Las mujeres hemos tenido que adoptar el papel de castas, porque nunca falta el macho que pone cara de asombro si una les confiesa a manera de travesura sus andanzas. Es por esto que los números no les cuadran ni les van a cuadrar nunca. ¿Si hay X número de hombres infieles, porque hay tan pocas mujeres infieles? Aaaaahh, porque una siempre dirá que no lo es.
Sólo es infiel quien reconoce serlo, dijo mi madre un día que me quejaba con ella. Y tiene razón, es como cuando estas en un juicio si te declaras culpable, ya perdiste.
Bueno, cuando me divorcié comencé, de acuerdo con mi psicóloga en turno, mi segunda adolescencia. Ah, cómo le di vuelo a la hilacha, vivía en un departamento sola con mis hijos, pero los días y noches que se iban con su papá, eran mis días libres.
Generalmente a esas alturas del partido una ya no anda de novia, y no pongamos cara de sorpresa. Como mujer ya no tenía la angustia de entrar en el rankeo de esposa admirada o futura madre. Esas asignaturas las había pasado ya, así que el que pensaran mis pretendientes era lo de menos.
En un dos por tres me llené de amigos, porque muchas de nosotras, así les llamaremos siempre; por obvias razones, primero porque una no está buscando volver a casarse, ni mas compromisos. Con los ya adquiridos es suficiente, así que el celular se vuelve indispensable para recibir y responder mensajes a diestra y siniestra. Hay que ser hábil en este asunto; digo, a mí me pasó que le envié un mensaje a otro amigo y me tuve que inventar un culebrón tipo Televisa para explicar que quería decir con esa respuesta. Y esto, lo sé, es cosa frecuente.
Bueno, tenía mi top de amigos, y según los planes elegía. Estaba Don Galleto, El Rey Pirata, Adrian 1 y 2, mi novio de México, Don Banamex, el chileno, y perdonen si de alguien me olvido. Así que en ese momento de mi vida me di cuenta que era una lástima que una no pudiera ser abiertamente amiga de todos y ellos amigos entre sí; no dejaba de pensar que uno y otro, si se conocieran, se la pasarían también muy bien, que estaría ideal salir todos juntos y sí, por qué no, juntas. Todos en una armoniosa hermandad. Así, si una tenía ganas de esto. pues salías con éste y el otro no se te indignaba… Pero, malamente, creo yo, nunca sucedió. Por demás, pero más vale, no era cuestion solo de salir a echar patín, la mayor de las veces buscaban alguien que les escuchara y estuviera al pendiente de pregutarles por tal o cual asunto. Basicamente compañía y sentirnos que alguien llevaba registro de nuestras historias.
Mi terapeuta extendió las sesiones de 45 minutos a dos horas; se la pasaba feliz con mis patoaventuras; al final hasta me recomendaba a qué lugares nuevos asistir. Un día ella me comentó un tanto preocupada que no terminaba de saber si era bueno o malo, pero que yo tenía la capacidad, contrario a cualquier paciente antes tratado, de vivir un aquí y ahora absoluto, tanto que como psicóloga debía estar tranquila. Pero como persona le preocupaba que nunca pensara en planes a más allá, como formar una nueva pareja o comprar una casa. Lo de la casa sigue sin estar en mis prioridades, sigo viendo la palabra de casa-propiedad como ancla, no hay más.
Si tengo una casa a mi nombre, no me puedo cambiar de lugar o de estado o de país. ¿Quién dijo que no? Una nunca sabe. También el problema de esto es que me cuesta un trabajo tremendo comprometerme con mis parejas. Digo, ¿y si mañana me desenamoro?
Total, un día conocí al próximo ex señor de Apodaca, jajaja, así le llamábamos mi hermano Bernardo y yo. Muy felices salimos a comer. Ese día, yo no sé qué fiebre rara cayó en Guadalajara, pero todo mundo me llamó, presente, pasado y futuro al mismo tiempo llamando como descocidos. Al finalizar la tarde mi nuevo amigo muy civilizadamente me dijo: "Yo entiendo que como mujer soltera tengas una que otra vela por ahí, pero jamás pensé que lo tuyo sería un pastel para el Bicentenario".
En fin, la segunda adolescencia terminó. De esos tiempos me gustó ser libre de poder quedarme en casa a leer o trabajar hasta noche, sin distraerme en atender a nadie. Me gustó la versatilidad de la compañía. Claro, hasta tanta libertad cansa y un día quise ya con calma buscar y encontrar a the one.
Pero esto que ahora confieso nunca sucedió, jamás hice esto. Soy una mujer casta, monógama y demás adornos que ustedes hombres desean escuchar.

martes, 11 de mayo de 2010

Al que se ha de condenar, es por demas que le recen


Desde muy niña he tenido una gran pasión por la tierra; no la tierra como planeta o ideología ambientalista. La tierra como elemento, como alimento, como materia prima de mis más viejos placeres.
Primero la sensación de sentir como mi garganta hasta se cerraba de anticipación, al encontrar en algún muro de adobes alguna minúscula piedra pómez, que al meterla en mi boca la dejaba impregnada de sabor a tierra, habito que pronto corrigió mi mama; o eso es lo que ella pensó porque aun a los catorce años seguía haciéndolo.
Tremendas regañadas recibí de ella al regresar de jugar en el jardín de la casa con el vestidito de olanes –que, dicho sea de paso, aborrecía— lleno de lodo, al igual que mis calcetas y mis zapatos ortopédicos. Ah, porque cómo odié desde niña los vestidos rosas con moñitos y holanes; mi madre me obligaba a usarlos para salir a visita, pero lo mío, lo mío era un vestido que más bien parecía túnica de color azul marino con unas flores enormes y monocromáticas; además, cuando me lograba escabullir del cepillo andaba con mi túnica y greñero al aire; me sentía reina de las hadas. Para mi mamá, era la madre de los vientos.
Con más años descubrí lo increíble que era plantar una semilla y observar día con día cómo de ella emergía primero algo semejante a un gusanito blanco, que a la mañana siguiente brotaban unos capullos verde tierno, que terminaban siendo sus primeras hojas. Cuando mi mamá me dio permiso de poner una parcela de un metro cuadrado en el jardín y cultivar en ella las semillas que mi madrina Lety me había obsequiado me sentí frondosa cual lechuga, cuando a manera de tributo le entregué a mi madre la primera calabacita criolla. Muy adustamente, la escuincla que era, le di la indicación que la agregara picadita en la sopa de pasta de ese día. Y pomposamente no me cansé de exclamar lo riquísima que estaba la sopa hecha con mi calabacita; jajajaja, que si hacemos sumas y restas, una móndriga calabacita para siete porciones de sopa de pasta, nos comimos como tres cuadritos per cápita. Pero para mí fue como estar sentada en la cabecera de la mesa. Ja, que además era redonda.
Mi gusto por el cuidado de las plantas ha perdurado. Me agrada arreglar personalmente mis jardines, aprecio tener un buen par de tijeras de podar y unas alicates para troncos leñosos. Si por herramienta para jardinería la falta de ella no me detiene, hasta la cuchara sopera es buena para hacer un hoyo en la tierra. Pero mi regla –que al día de hoy no he roto— es que en mis jardines sólo puede haber flores blancas.
El gran duque y el huele de noche son de las imprescindibles, al igual que dos varas de nardos en el centro de la mesa. Pero mi gran fascinación del jardín son las gardenias; me gusta tanto su flor como lo efímero de ella. Sólo 24 horas dura en todo su esplendor; si una sola gota de agua le cae durante el día es suficiente para que se manche la flor. 
Hoy abrió su primera flor la gardenia de esta casa. Ayer por la tarde tímidamente comenzó a asomar su blancura y hoy por la mañana ya estaba completamente abierta la muy descarada llenando el pasillo con su aroma, gritándole al mundo su presencia; sé que para la noche ya tendrá unos ligeros hilos amarillos bordeando sus pétalos, y mañana estará ya manchada.
Esta mañana por fin tengo claro que llegué para quedarme: la primera flor de mi gardenia ha nacido.

ESPERA
MUNDANA magazine, Letras para las mujeres del Nuevo Siglo

domingo, 2 de mayo de 2010

Acciones son amores, no besos ni apachurones


De niña me enseñaron en el catecismo que: "se es infiel hasta con el pensamiento".
Con tantos medios de comunicación, que ahora tenemos a nuestro alcance, todos somos una bola de infieles. ¿Cuántos no llenamos vacíos emocionales con esta nueva forma de socializar que nos brinda el Internet?
Si bien, mi anécdota descrita en el post anterior, no fue virtual, dolió y bastantito. También debo reconocer que somos miles, sino es que todos, los que nos hemos permitido “amistades-noviazgos” que vienen a iluminar nuestra monótona cotidianidad.
Algo que aprendí en todo esto es que, lo que para los hombres es “un poco de coquetería” para nosotras, mujeres, tiene otras dimensiones. Creo que esto obedece al hecho real e innegable de que NO SOMOS IGUALES.
Aclaro, antes que alguna hembrista de “grito de guerra” y se me ponga cual godzilla. Creo en que: Debe haber igualdad de oportunidades, a lo que llamamos Equidad de Sexos. Pero en definitiva, le guste a quien le guste, jamás seremos iguales hombres y mujeres. A Dios gracias!
Por biología, ergonomía y psique somos más que diferentes. Los hombres son más prácticos, visuales. Nosotras somos idealistas y emocionales. Tal vez, por esta razón “la coquetería” que ellos ven inofensiva a nosotras nos lastima tanto.
En todo este dolor semanal, encontré, lo que creo es el origen de mi dolor.
Una sabe lo que hay construido en una relación estable y de diario vivir, no son solo cuestiones de economía, hay risas, comprensión, hay distinción. La distinción de ser ese “ser especial” para la otra parte, que nos llena de mimos y atenciones, como de compromisos y responsabilidades hacia la otra persona. Lo que duele de enterarse del ligue de tu pareja, por más sin importancia que el otro exclame; es que irremediablemente, a ti te dejan de brindar atenciones y tiempo, porque se lo dan a otra. La necesidad de “quedar bien”, con una desconocida, los lleva a dar lo mejor de ellos a esa persona ajena, que no hace más que estar sonriente del otro lado y disfrutando lo mejor de tu pareja. En mi caso, ha sido ese tiempo, el cual es poco como para estar tirándolo. Porque a una le toca todo lo demás, el escuchar las quejas, vivir el cansancio, la responsabilidad de un hogar en orden, sufrir los malestares.
Cristina mi amiga, hizo la llamada pertinente en el momento justo, porque ya estaba empezando empacar mis pertenencias. Me dijo que era un absurdo que yo con mis aires de valentía una vez más me expusiera a iniciar de ceros, además de lo injusto de la situación. ¿Por qué vas a sufrir tú, si fue él quien se equivoco? Así, que por ahora no decidas nada, deja que pase tu enojo, y piensa bien las cosas. Con orgullo no vas a comer. Además, vamos siendo honesta no fue trascendental.
Es sabia Cristina.
Ha sido una semana de batallar con fantasmas, pero también admito que JL los ha sufrido y no se ha cansado de expresarme su amor. Me confieso enamorada de este hombre, y que acepto que no es perfecto. Yo tampoco lo soy.
Regina, con toda su paciencia, me explico de este afán de casería que tiene todo hombre y del porque una vez que te sienten segura, necesitan salir a probarse que todavía pueden seducir a alguna despistada. “Aunque tengan a Miss Universo a lado, tarde que temprano ponen el cuerno”.
En fin, acepto amar a JL. Que me dolió bastante lo ocurrido, también acepto que la fulanita en cuestión me lastimo, porque ella en pleno ligue con mi esposo, sabiendo que estábamos juntos, toma la iniciativa de chatear y decirme que las mujeres debemos estar unidas; y mientras decía esto, la licenciada que trabaja para una organización defensora de las mujeres maltratadas, por otro lado le pide a mi esposo no se aleje, escribe en su perfil cínicamente que lo ama. Me dolió porque esperaba más de ella por ser "mujer pensante" creía yo.
Ahora sé que ella no es más que una gran farsa, que necesita llenar su muro de besos de miles de admiradores y que con todo y su gran amor profesado a mi esposo, no fue capaz nunca de agregar un “me gusta” a las publicaciones que su cómplice publicaba coquetamente en su perfil.
Hasta para ser mujer de todos hay que tener carácter para decir: me gusta, aunque pierda su ranking en otros amoríos, pero bueno, la casta se tiene de cuna.
¿Ardida? Si, con quien me escribió auto proclamándose “mi amiga”.

P.D. ¿Amiga? A mis amigas las elijo yo, no lo seras, no tienes la madera.